martes, 13 de abril de 2010

Cuando el absurdo cobra sentido

El libro El más absurdo de todos los personajes, nos demuestra el absurdo de los escritos, pero a la vez sus abundantes sentidos. El texto, escrito por el profesor de literatura latinoamericana de la Universidad del Estado de Nueva York, Gustavo Arango; fue presentado el pasado viernes nueve de febrero en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Basándose en escritores como Albert Camus, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, entre otros; y en el reconocido personaje de Jorge Luis Borges, el Quijote, en el libro Magias parciales del Quijote; Gustavo Arango explica cómo el escritor es el más absurdo de todos los personajes, poniendo como ejemplo a este último (el Quijote) quien es el lector de su historia dentro de su historia, y como dice Arango por ser su mismo lector se da cuenta de que él es un personaje ficticio.

Dentro de su libro, Arango busca dar respuesta a la pregunta ¿cuáles son las implicaciones de un texto sobre alguien que escribe? Y afirma que los libros en los que vemos al escritor como personaje y como lector de su propio libro llaman nuestra atención en la medida en que sabemos que nosotros mismos también escribimos en la realidad; y es así como nos llevan a los lectores a pensarnos también como personas ficticias.

Según Albert Camus, el más absurdo de todos los personajes es el escritor que al crear un texto se da cuenta de la carencia de propósito que tiene todo. El absurdo es la escritura de un autor cuando sabe que hay un sinsentido en ella.

Pero todo este absurdo de escribir sobre la escritura; que según Arango está presente en todos los textos, pues son reflexiones del lenguaje; puede cobrar sentido al seguir las palabras de Camus quien afirma que “escribir, es vivir dos veces. Escribir sobre alguien que escribe es vivir dos veces la experiencia de alguien que vive dos veces. Escribir sobre alguien que escribe sobre alguien que escribe… es un derroche de vitalidad”. Y es por ello que el absurdo, que parece no tener sentido alguno, cobra numerosos sentidos.

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